
Reseña del tema “De la brevedad de la vida” dentro de los Tratados filosóficos de Séneca.
“¿Sabe usted lo que es temer a la muerte?” Pudieron haber sido éstas las palabras de Séneca, en su regreso a Roma, de Córcega, para iniciar un dialogo con algún otro sabio varón; empero no son de él, sino de un servidor, intentando capturar el verdadero rostro de lo que Séneca escribió semanas después de este regreso del destierro, De brevitate vitae se titula originalmente en latín, en español De la brevedad de la vida. Al leer este texto se puede dar uno cuenta del rechazo que Séneca tiene –al cual se refería como una “desviación”– hacia los cargos de mayor honra, pues aduce que el ocuparse en menesteres políticos no es retributivo para su persona: ni en la honra, ni en las riquezas, ni en el epitafio de la propia tumba. Séneca buscaba una ocupación de la que pudiera obtener sabiduría para saber vivir, emolumento extraño quizá, pero digno de una raza efímera, como la nuestra. Más le valdrá estudiar la Ciencia del Vivir para aprender a morir.
¿Qué significa la vida sin la muerte? La fe de los creyentes en un tiempo y un reino venidero o la apatía de los modernos por el tiempo pasado quizá; pero de eso no se trata: la vida existe a consecuencia de la existencia de la muerte, señora de negro atavío que espera paciente, hacedora del tiempo. Efímero, como ya lo he dicho; más sin embargo es sólo así para aquellos que se han dado cuenta del tiempo que dedicaron a vivir y el que dedicaron a no vivir, tarde ya para arrepentirse. “El tiempo que tenemos no es corto; pero perdiendo mucho de él, hacemos que lo sea, y la vida es suficientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes, si la empleáremos bien.”[1] El empleo que paga con el saber vivir, ya lo dijo Séneca, hastiado, en contra de los cargos honorables de los servidores públicos: “Pregunta la vida de éstos cuyos nombres se celebran, y verás que te conocen por las señales; que éste es reverenciador de aquél, aquél del otro, y ninguno de sí.”[2]
Se dice que cada noche morimos, y al alba nacemos, sea o no sea así, se trata de una constante resucitación, una continua escena dentro de la obra que uno titula y representa en el teatro de la vida, a veces tragedias, a veces comedias; pero siempre las dos mismas damas espectadoras… ¿qué dirá el Autor, una vez llegado el último día, de la obra que hemos venido representando todos ante Él? Tal vez sólo calle, se guarde en un vacío, en el silencio de todos los días, donde uno se desorienta y no sabe si es de sí o de Él elegir encontrar la mañana en los ojos o los ojos en una eterna noche: “¿qué seguridad tienes de más larga vida? ¿Quién te consentirá ejecutar lo que dispones?”[3] Se nos agota el tiempo en esta apatía común en la que vivimos, conservamos lo innecesario y permitimos que las cosas esenciales para nosotros se vallan, aún sabiendo que son pasajeras, creyendo que las podremos recuperar.
Sin lugar a dudas se trata de un dialogo, donde Séneca expresa su deseo al retiro después de haber sido educador cuando niño, asistente y consejero de Nerón cuando emperador. Podría ser considerado un diálogo no únicamente dirigido a Paulino, aunque halla en realidad sido así, pues la propia vida de Séneca nos da muestra de una filosofía vitalista, una enseñanza que se encamina hacia la percepción y la apreciación de la vida como después vendrían a hacerlo José Ortega y Gasset, y Friedrich Nietzsche. Durante todo el escrito el lector se puede encontrar con ciertas intemperancias, incluso contradicciones; empero no se pueden del todo dejar de lado las palabras de este filósofo: “Ninguno pone los ojos en la muerte”[4] Que si bien pudiéramos juzgar escribe este texto como augurio de su trágico fenecer, también podríamos considerarlo como uno de los primeros y pocos hombres que han dedicado parte de su vida en comprender a la muerte de la misma manera que después la vieron Heidegger y Camus. De la brevedad de la vida es un acercamiento hacia nuestra propia mortalidad, es un primer encuentro con la oscura y reflejante mirada de la muerte.
Luis Aceves
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[1] Séneca. Tratados filosóficos. México, Porrua, 2006, p. 119
[2] Ibíd. p. 120
[3] Ibíd. p. 121
[4] Ibíd. p. 137
SÉNECA. Tratados filosóficos, Cartas a Lucilio. 9 ed., México, Ed. Porrua,2006 (c. 2006) 249 p. (Colec. Sepan Cuantos, 281)
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