Proserpina extasiante,
de ojos suaves
y dulces mares
de licor divino,
la fragancia
profana de tus labios
me llama,
me embriaga,
abre la carne
y quema la sangre,
y colapsa los sentidos:
humedad sedienta de
calor hambriento,
fluyendo a través de los cuerpos,
como el rocío del loto
entre los muslos de Mara:
Ishtar delicada,
Lilitu frondosa,
Kali preñada...
Abre las puertas
de mi cuerpo mugiente,
entrégame al abismo
de tu pasión hiriente,
y déjame entrar
en el hermoso jardín
que guardas para tu muerte.
Luis Aceves
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