Según san Anselmo, Lucifer cayó de su prístino estado seráfico por su propia voluntad, no hubo causa previa: Dios no predestinó en el eterno fluir del tiempo la introducción del mal en su cosmos, o si lo hizo, el mal se dió no porque lo quisiera sino porque lo necesitase; de esta manera aplica su voluntad en la libertad de pecar, aunque no naturalmente, facultad identificada por Anselmo con la soberbia, la misma con la que se identifica con Adán y Eva, al transgredir la norma de Dios. Se les dió un primer estado, del cual podían gozar, pero, a causa de su desconocimiento del estado antagónico, no tuvieron, me atrevo a aseverar, una real libertad, pues su inexperiencia no los tenía preparados para utilizar plenamente su libre arbitrio: quedarse en su actual esencia, o atreverse y transgredir a otra: cercana a Dios, según los primeros padres Adán y Eva, o al encontrar su propio bien, personalmente, según Tomás y Anselmo, con respecto al lucero caído. Ambos actos fueron tenidos por los primeros pecados: causa de la desgracia; pues la manera en que Lucifer empleó su voluntad es visto, como lo hace Anselmo, en afrenta a Dios al desear igualársele; aunque la creación del humano haya sido “a su imagen y semejanza”: ambas creaciones del Antiguo Autor. ¿Consistirá pues, la transgresión primitiva de la creación del uno por el todo, en el deseo de unirse junto a él, de conformar juntos el cosmos y el caos para resultar la nada; la misma que vemos en los humanos al desear ser semejantes a Dios, sabiendo aquellos hijos que se encontraba en la inarmonia, similar a la que vemos en el seráfico lucero al buscar la gracia, aun sabiendo que se hallaba en lo individual y no en la mano de Dios?Luis Aceves
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