Uno de los aspectos más relevantes sobre la conquista española de los pueblos mesoamericanos es la manera en que los conquistadores se encargaron de someter los cuerpos y doblegar las costumbres de los vencidos, los naturales, los oriundos de una tierra que es profanada por extranjeros, extraños que después de la cruenta lid, ante el panorama de su inevitable derrota, deciden dominarlos con espada y socavar los asideros de su fe con una cruz. La fuerza militar se encargó de derribar el orgullo guerrero de la raza oriunda, dejando como huella una imagen devastadora; mientras que la fuerza religiosa optó sagazmente por conocer a los indios, su lenguaje, costumbres y creencias, de esta manera comprendieron que las ceremonias, o “representaciones” como les denominaban, eran de vital importancia para esa gente, y que ellas eran a la vez el medio adecuado por el cual introducirían elementos, y más tarde prácticas, de la fe cristiana para convertir “sus almas entregadas al demonio”.Uno de los principales representantes de la conversión mesoamericana del siglo XVI, es Fray Andrés de Olmos, noble hermano franciscano, ilustre gramatólogo náhuatl, y fiel pugnante por instaurar la religión en territorio fecundo, propicia simiente la del cristianismo al “amparar” a sus “seguidores” sometidos. Es éste quien, valiéndose del ingenio de su conocimiento, sincretiza los vestigios ya de la celebración de la raza oriunda con la conceptualización de la “representación” occidental. Se trata del denominado –por la crítica vanguardista–, teatro náhuatl, aunque remita a testimonios de los prístinos rasgos de las ceremonias que realizaban los indios, tanto como al momento en que se manifiesta una comunión entre la trama cristiana que arrastraría desde el medioevo y la escenificación ceremonial ornamental india.
Totus mundus agit histrione, y tal parece que sucede de igual forma en la teatral caída de Adán y Eva, así como en el destierro y derrota de Lucifer, aun representado por Krumnase, Hörnli, Slange, Hellhundt, Abisme, Cacodemon, Apolyn, Behemoth o Satán. Sigue manifestando la iglesia cristiana una fervorosa animadversión por las culturas y creencias extranjeras, desde su puesta en escena medieval hasta alcanzar la propia escenificación de la caída, el destierro y la derrota del sometido pueblo indio. Similitudes podemos encontrar tanto en la moral desbocada occidental como en el libre ejercicio de las costumbres prehispánicas, empero Andrés de Olmos ¿no juzga con la misma vara ambas tendencias?
"Y ahora, él, el adultero que defiende a su manceba a su cuerda, ¿acaso no tiene
corazón doble? ¿A caso no reza en vano? ¿A caso no dice a lo loco: hágase tu
voluntad? Y luego éste que no quiere hacer aquello que Dios manda, y que así no
obedece, que sólo quiere quebrantar Su santa ley. ¿A caso no quiere así reírse
de Dios?"(1)
Ca yehoatl in tetlaxima quipanauiya inic tlatlacoa yehoatl y uel temictia, yuan In iquac miquiz tetlaxinqui cenca tlapanauiya ynic tlahyyouilhtiloz yn ompa mictlan uel ic quipanauiz yn uel otemicti ynic toliniloz(2). Reza la maldición a aquellos que no han cumplido el voto del matrimonio a la letra de la Sagrada Ley, destinada en su propia lengua. Expresión propia de su discurso escénico llamado El juicio final, cercano a 1539, en el cual hace uso de personajes conceptuales: Iglesia, Tiempo, Muerte; tanto como de la vieja tradición teatral: San Miguel, Anticristo; los cuales componen una trama en la cual Lucía –no se afirma su origen, deducible en mestizo o indio–, es la condenada que en el Fin de los Tiempos padecerá tormento eterno al no acatar el mandato cristiano. Sin embargo, Lucía parece querer redimir su falta antes de la llegada del Juicio, del cual la privan al llegar. Una vez anunciado el suceso, Lucía es la única que ve la salvación en el anticristo, a diferencia de los demás cristianos que sí reconocen a Cristo.
De una u otra forma pareciese que el destino de la raza india está definido por una estrella funesta, pues así como la evangelización alcanzó a dominar los aspectos más importantes de la subsistencia india, por otra parte el espíritu de sus creencias y tradiciones siguió latiendo aún después de su brutal arrebato. Ya lo refiere María Sten cuando el teatro náhuatl alcanza la representación tradicional y propia de sus orígenes, conservados aún bajo una temática cristiana y en territorio occidental. Por otra parte de Olmos refiere “Algunos prometen igualmente consagrarse al Diablo aunque crean, y no odian, no huyen la creencia en Dios llamada Sancta Fe Cathólica. Siguen, respetan, cumplen las ordenes del Diablo, veneran las palabras del Diablo, de tal modo que lo invocan, que creen en él, en su corazón”(3) Es en sí misma la representación de la vida misma, pues Lucía alcanza a ver en sus viejas creencias, satanizadas en el anticristo, aquello que le era pleno y propio de su raza, aquello que le fue arrebatado y deformado: Auh yn oc no cequintin uel ompa mictlan ouallamelauhtiuetçque yn itocayocan infierno: ya cenca aqualcan yn ayeccan(4).
El trabajo del franciscano como demonólogo es interesante cuando apunta al filo de su propia espada de Abbadón: “Así, un hombre dijo que es verdad que lo sedujo el Diablo para huir de Dios y de su creencia, pero que de ningún modo le había seducido para aborrecer de Santa María”(5)El matriarcado de Tonantzin es difamado y ultrajado hasta el grado de recurrir a él para concretar la evangelización cristiana en una raza que… nemih yn amo quineltoca yn iizlacayotl in Diabloyutl yn çan quemmanian achi ytech uetçi yn inyollo ynic conihtoa(6), a la mano izquierda de Dios.
Luis Aceves
__________________________________
(1) Fray Andrés de Olmos, Tratado sobre los siete pecados mortales. México, Ed. UNAM, 1996, p. 125
(2) Ibíd. p. 124 Trad. “…que el que comete adulterio hace un pecado mayor que el que mata a alguien, y que cuando muera será juzgado con más severidad allá en la región de los muertos, será más desgraciado que el que mató.”
(3) Fray Andrés de Olmos, Tratado de hechicerías y sortilegios. México, Ed. UNAM, 1990, p. 43
(4) Ibíd. p. 6 Trad. “Pero, aún, otros también fueron a caer allá en el lugar de los muertos, en un lugar llamado infierno: un lugar malo, un lugar funesto.”
(5) Ibíd. p. 41
(6)Ibíd. p. 43 trad. “…viven sin creer en las mentiras del mundo diabólico, sólo a veces un poco de su lado andan, en sus corazones, según se dice.”
_________________________________
Bibliografía:
OLMOS, Fray Andrés de. “El juicio final” en Teatro mexicano. Historia y
dramaturgia II. Teatro de evangelización en náhuatl. México, CONACULTA, 1993 240 p.
OLMOS, Fray Andrés de. Tratado sobre los siete pecado mortales. México, UNAM, 1996 262p. (Colección Facsímiles de Lingüística y Filología Nahuas, 8)
OLMOS, Fray Andrés de. Tratado sobre hechicerías y sortilegios. México, UNAM, 1990 75 p. (Colección Facsímiles de Lingüística y Filología Nahuas, 5)
(1) Fray Andrés de Olmos, Tratado sobre los siete pecados mortales. México, Ed. UNAM, 1996, p. 125
(2) Ibíd. p. 124 Trad. “…que el que comete adulterio hace un pecado mayor que el que mata a alguien, y que cuando muera será juzgado con más severidad allá en la región de los muertos, será más desgraciado que el que mató.”
(3) Fray Andrés de Olmos, Tratado de hechicerías y sortilegios. México, Ed. UNAM, 1990, p. 43
(4) Ibíd. p. 6 Trad. “Pero, aún, otros también fueron a caer allá en el lugar de los muertos, en un lugar llamado infierno: un lugar malo, un lugar funesto.”
(5) Ibíd. p. 41
(6)Ibíd. p. 43 trad. “…viven sin creer en las mentiras del mundo diabólico, sólo a veces un poco de su lado andan, en sus corazones, según se dice.”
_________________________________
Bibliografía:
OLMOS, Fray Andrés de. “El juicio final” en Teatro mexicano. Historia y
dramaturgia II. Teatro de evangelización en náhuatl. México, CONACULTA, 1993 240 p.
OLMOS, Fray Andrés de. Tratado sobre los siete pecado mortales. México, UNAM, 1996 262p. (Colección Facsímiles de Lingüística y Filología Nahuas, 8)
OLMOS, Fray Andrés de. Tratado sobre hechicerías y sortilegios. México, UNAM, 1990 75 p. (Colección Facsímiles de Lingüística y Filología Nahuas, 5)
No hay comentarios:
Publicar un comentario